Lo moral

feb 22, 2011
Marc Juncosa
Cada vez la ciencia nos aproxima más hacia las visiones orientales, en su propuesta de que el hombre está dotado de información innata, que supone una consciencia moral previa a la socialización o a la adquisición de algún sistema religioso, esto  lejos de desmentir la espiritualidad subyacente  en las religiones, en realidad explica porque en general todas comparten una serie de principios universales, tales como no matar, no robar y favorecer el bienestar del prójimo.

Los últimos hallazgos parecen demostrar que en el hombre existen unas Neuronas  Espejo, situadas en la corteza cerebral (Bleichmar, Hugo, 2001), y que comunican con el sistema límbico o emocional (Olson, 2008). Estas células permiten por un lado, copiar aquella acción que estamos percibiendo, para posteriormente poderla reproducir. Por otro lado al encontrarse estas neuronas, íntimamente ligadas al sistema límbico permiten tener experiencias de ciertos estados afectivo/emocionales, al margen de no estar viviendo aquello que los causa. Es una forma de captar las mentes de los otros no gracias al razonamiento sino mediante la una experiencia directa.  (Olson, 2008).

Este proceso produce una  rápida interiorización que supone importantes implicaciones,  en primer lugar porque esto significa  una forma de aprendizaje rápido, es decir un sistema de transmisión de información sin parangón en el reino animal. En segundo lugar hay que tener en cuenta el hecho de que el cerebro no distingue entre realizar una acción o visualizar que se está ejecutando, es decir que se activan las mismas conexiones neuronales cuando uno se esa viendo a si mismo andando aunque esté sentado en el sofá, que cuando anda realmente, lo que significa que la visualización es una forma de entrenamiento mental que prepara para la acción, si bien el proceso debe de completarse posteriormente con acción física y el entrenamiento corporal, por ejemplo cuando vemos a una persona doblar de una forma concreta un papel para conseguir con ello una forma determinada, casi al momento, si la forma no es muy complicada nos sentimos capaces de realizar la misma tarea, aunque es cierto que al ponernos en la acción descubrimos la realidad de la dificultad de lo que hemos observado, si no tuviéramos la capacidad de integrar dentro de nosotros mismos las acciones que realizan otros, viéndonos a nosotros mismo como actores de estas acciones, cosa que facilita la propiocepción, resultaría complejo sino imposible aprender a realizar la mayoría  acciones, especialmente aquellas que entrañan el manejo de utensilios. Seguramente este descubrimiento es el que ha llevado a algunos deportistas de elite a complementar su entrenamiento físico con técnicas de visualización, donde el sujeto que se entrena, se ve a sí mismo realizando aquellos ejercicios que le resultan más difíciles.

En tercer lugar, esta capacidad de poder interiorizar las actitudes de otros, no solo afecta al aspecto puramente conductual, sino también al emocional/afectivo,  es decir existe un contagio emocional,  así cuando vamos al cine y la película resulta triste podemos acabar llorando, aun que no estemos sufriendo directamente ningún acontecimiento triste, incluso a sabiendas de que lo que está sucediendo en la pantalla es ficticio.

La empatía devendría como resultado lógico de esta capacidad y seria el principio fundamental por el cual nos ponemos en el lugar de otros sin necesidad de vivir las experiencias que causan su aflicción, alegría u otros. Si esto es una capacidad, la falta de esta capacidad ha de verse forzosamente como un problema y de hecho guarda una estrecha relación con el buen estado de salud mental.  Además cabe preguntarse, aunque inhibamos o no seamos conscientes de las aflicciones de los otros, si en realidad esto implica que no las percibimos. Si convenimos a entender que la información empática está dotada de sentido al margen de que queramos admitirlo o nos demos cuenta de él, entenderemos   porque en muchas religiones se propone como nocivo para uno mismo el dolor que se causa a otros, pues si de alguna manera aunque sea inconscientemente notamos el sufrimiento de otros eso ha de causarnos necesariamente dolor y sufrimiento a nosotros.  

La empatía deviene al menos inicialmente de un proceso puramente innato,  donde se contagia más que se comprende, esto parece quedar demostrado gracias a encontrar ciertas conductas empáticas, en bebes a partir de los 18 meses. La evidencia también muestra que podemos inhibir esta sensibilidad o potenciarla gracias a ciertos procesos socializadores y/o psicológicos, además existen individuos especialmente sensibles a la emocionalidad de los otros.

No cabe duda que la propia cultura, los hábitos, las costumbres  y el aprendizaje dentro de un entorno social determinado, sesga, favorece o entorpece la aparición de conductas empático/morales y  altruismo, pero existe una predisposición genética, probablemente esto es lo que explica porque todas las culturas tiene una serie de preceptos ético/morales comunes, que podemos llamar universales, aunque dichas culturas estén o hayan estado totalmente aisladas entre sí.

Esta predisposición también ayudaría a entender el fenómeno de la resiliencia, es decir porque una persona es capaz de salir de un ambiente toxico, sin que aparentemente tenga opciones para ello, por ejemplo aquel niño que nace en el seno de una familia  de delincuentes, en un barrio marginal donde todos los otros niños están sumergidos en la espiral de violencia y que por lo tanto debería de tener una inclinación parecida a aquello que está viendo como punto de referencia y  sin embargo es capaz de salir de todo esto, tener una vida alejada de la violencia y un trabajo completamente honrado. Esto no quiere decir que sea fácil salir de ciertos ambientes, pues el peso de los referentes sociales que tenemos es muy fuerte, pero demuestra que existe una comprensión innata de que es el bien y que es el mal, en el sentido de que lo que ayuda a otros o que es lo que les perjudica.

Lo que nos lleva a entender que no es preciso imponer un rígido sistema de normas para convertirnos en seres morales, sino más bien acompañar y favorecer el desarrollo de las potencialidades humanas, lo cual sobretodo requiere “estar” más que ordenar.   

Como afirma Richard Leakey somos humanos a partir de que  aprendimos a compartir la comida (Olson, 2008)

Visualización, Ensoñación e Imaginación

Visualizar  es una capacidad  de la que  estamos  dotados  y que permite  copiar/pegar dentro nuestro imágenes, por un lado copiando de la realidad  aquello que vemos en otros,  es decir de verse uno mismo reproduciendo la actitud que está ejecutando otro ser. El otro aspecto deviene del hecho de que la visualización no se mueve en el plano verbal, sino mediante signos dotados de poder simbólico, lo que va más  allá de la propia definición mediante estructuras gramaticales,  el árbol es mucho más que su definición, lo que significa que al visualizar un árbol absorbemos contenido no definido pero si existente en el árbol.

Esto permite crear composiciones de imágenes que como tal sean  irreales, pero que encierren un alto potencial informativo, por ejemplo si visualizamos un hombre levitando con un halo de luz alrededor de su cabeza, automáticamente  nos impregnamos del contenido simbólico que contiene esta imagen. Lógicamente esto encierra un potencial enorme, que ha de usarse con prudencia y conocimiento del simbolismo que encierra las imágenes con que se trabaja, pues la absorción de información de esta manera es más fuerte y rica que mediante las palabras,  en consecuencia la adquisición de mensajes contradictorios o que choquen con la propia estructura interna del individuo pueden provocar fuertes reacciones no deseadas en aquellos que las visualizan.

La visualización no debe confundirse con otras formas de representación de imágenes mentalmente.  La característica fundamental de estas otras modalidades es que la imágenes son autoproducidas en vez de asimiladas. Dos de estas modalidades destacan claramente y se confunden con la visualización.

En primer lugar encontramos el sueño(soñar)/ensoñación(soñar despierto)  aquí las imágenes se producen espontáneamente, sin intencionalidad, descontroladamente  y suelen ser la forma que tiene nuestra mente de explicar algunos acontecimientos,  reflejar nuestros deseos o temores, como explico Freud en su obra sobre la  interpretación de los sueños.

En segundo lugar encontramos el fenómeno de la imaginación, esta modalidad es distinta a las otras dos en el aspecto de que el individuo suele buscar las imágenes o su producción, para  realizar composiciones estéticas.  La búsqueda se suele hacer de una forma consciente, mientras que las imágenes suelen aparecer de forma inesperada, a modo de inspiración,  aunque hay que tener en cuenta dos cosas: la siembra previa que el individuo a realizado tanto desde el punto de vista de la introducción de los datos de la recuperación de estos;  y un factor atencional latente, es decir que se ha dejado búsqueda en un estado de baja frecuencia, pero permanente, como una señal de alarma que nos avisa cuando algo se parece a aquello que estamos buscando.

Así en la visualización hay una elección voluntaria de las imágenes que se admiten para ser procesadas,  no se pretende la creación de imágenes en sí, sino más bien  la utilización de estas y/o de su contenido simbólico para poder asimilar ciertas propiedades que contienen,  transfiriendo así  la potencialidad que estas imágenes encierran  y convirtiéndolas en propias de manera que operen cambios en moldes internos en aquel que se las adhiere.

Mientras que las imágenes en los distintos los distintos grados de sueño reflejarían  de forma simbólica los diferentes estados de los propios moldes, y la imaginación apela a la creación de imágenes para transmitir información con una cierta estética.  

Bibliografía

 Bleichmar, Hugo. (05 de 11 de 2001). aperturas psicoanalíticas . Recuperado el 07 de 01 de 2011, de Revista internacional de psicoanálisis nº 9: http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000187&a=La-identificacion-y-algunas-bases-biologicas-que-la-posibilitan

Olson, G. (2008). De las neuronas espejo a la neuropolítica moral. Revista Polis , Vol-7 (nº 20), 313-334.

Redes- existe una moral innata: http://www.rtve.es/swf/v2/embed/74214_es_videos/RTVEPlayer.swf

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